Todos los días.

Todos los días cuando me despierto me doy cuenta otra vez de que quiero ser escritor.

Esto tiene una cosa buena y una mala.

La mala es que todas las noches me duermo planteándome si de verdad algún día podré vivir de esto.

La buena es que, aunque no se lo que cojones pasa en mis sueños, la respuesta siempre es que sí.

Y con esa fuerza, me levanto

sin saber muy bien si lo que hago es dormir o reiniciarme.