Dextrocardíaco, de Juan Arcones.

Marc es enamoradizo y sensible, y está encoñadísimo de Alejandro, que es un fucker de libro. Eva, María y David son los amigos de Marc, y a la vez su conciencia, su tribunal, su realidad, sus verdades… y una encantadora mezcla entre los tres mosqueteros y las tres gracias.
Básicamente, de esto va ‪#‎Dextrocardiaco‬, pero su simpleza sólo es aparente, y sirve como lanzadera para que empatizar se vuelva inevitable; porque habla de tu historia de amor -la que salió mal- perotambién de tus amigos -los de toda la vida-, y lo hace con un lujazo de elenco totalmente a la altura.

Brays Efe está soberbio en sus monólogos con el contestador -casi parecen microteatros de improvisación, descojonante- y es imposible no comparar a alguien de tu entorno con las Lumiere y Ding Dong mariliendres que representan Laura Put y Alba Fontecha -de la que es muy fácil que os enamoreis, por cierto-. Igual también odiáis un poquito a Álvaro Cea, pero recordad que si consigue eso es sólo porque está genial en su personaje. Además todo es tan de verdad, que a veces te da ganas de levantarte de la butaca, abrazar a Ventura Rodríguez -que parece que ha nacido para interpretar a Marc- y decirle: “tranquilo, a mi también me ha pasado. Jode, pero se supera”.

Sólo espero de una buena historia que me haga volver a casa con una pregunta que se quede a vivir en mi cabeza y para la que nunca encuentre o quiera encontrar respuesta, y Juan Arcones consigue esto ya desde que coges por inercia el flyer de la entrada: “Los amores platónicos…¿mejor que sigan siendo platónicos?”

Y es que todos nos creemos muy Marc hasta que alguien nos vuelve Alejandro, o nos lo volvemos nosotros mismos. Parece a veces que la vida es eso: hacernos los duros aunque no nos apetezca, hasta que alguien nos ablande; para poder luego volvernos más duros de lo que ya fuimos, y solo nos pueda ablandar alguien todavía más duro. Y por eso los amores platónicos son platónicos, porque el amor es un pulso de titanes cada vez más difícil, porque no sabemos donde, pero hemos aprendido que dos blandos no, y que ceder es falta grave, que esto del amor es la guerra.

Tal vez lo hemos aprendido en todo el tiempo que hemos pasado solos intentando hacernos los duros. O tal vez no. No lo se, no lo quiero saber; al fin y al cabo, el Tragabolas no molaba tanto, solo lo idealizamos porque nunca lo tuvimos.

Si habéis llegado hasta aquí, id a ver Dextrocardiaco – Teatro, los viernes de enero y febrero a las 22:30 en Nave73.

 

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